Seven Costanza

"Yo me voy. Declaren la huelga general" Lorenzo Miguel, 24 de marzo de 1976, mientras se olvidaba el saco.


The Big Sleep

Primero Ricardo “El Colorado” Kirschbaum, editor general de Clarín. El más capito. En su sección Del editor al lector, publicó una de sus habituales columnas anodinas en la que hace resumen de la entrevista que Clarín publicó ese mismo día. No hay una sola idea propia ni opinión, sino explicarle en cinco párrafos al público del diario (que al parecer ya no puede leer ni siquiera una entrevista completa) qué es lo que Kirchner quiso decir. Algo que es imposible no entender leyendo la entrevista, porque el discurso de K es tirando a transparente, sobre todo en estas entrevistas conmemorativas que da año a año.
La falta de conceptos en la que debería ser una nota conceptual, en gran parte es culpa del formato de Clarín, que cada vez achica un poco más el texto. Y para aportar algo decente en menos de 2.000 caracteres (1828 en el cuerpo de la nota) hay que tener algo que escribir y además ganas escribirlo. No es el caso.

Pasemos a uno de sus más importantes subordinados: el egresado de El Colegio Eduardo van der Kooy, aunque, como dijo un rector del establecimiento, “del Nacional Buenos Aires nunca se egresa. Del Colegio se es toda la vida.”
¿Cuál es el método de Eduardo? Decir lo que dice de tal manera que en el fondo no lo está diciendo porque en verdad lo que dicho no es exactamente eso que dijo. Un acto de balance que le envidiaría más de un equilibrista, pero transforma a sus notas en el mejor somnífero para un domingo a la tarde. Casi nunca hay sangre ni emoción. A diferencia de HV en Página que sale a cazar brujas domingo por medio, o Lanata en Perfil que si no hizo su denuncia apocalíptica de la semana no puede dormir tranquilo, van der Kooy parece tener en cuenta todos y cada uno de los intereses del Grupo Clarín. Y la manera perfecta de no afectar a ninguno, ni a los que no lo son pero quizás, quizás, quizás podrían serlo algún día. “Perfecta” es la palabra, su estilo suele ser tan enroscado para compensar siempre cualquier exceso hacia un lado, que sus artículos parecen fruto de años y años de pulir un estilo. Y tanto esfuerzo dio resultados: hoy es el columnista político más aburrido del país.
Entonces ¿Qué no dijo este domingo?

La nota es un resumen de la semana. Al igual que la de Kirschbaum, sin mucho análisis más allá de una descripción de lo que uno solo podría saber al leer las primeras cinco páginas de Clarín (o sus títulos y bajadas) durante los últimos siete días. Además alguna ficha puesta en Lavagna hacia el final:

“Tampoco Lavagna pronosticó ningún apocalipsis. Soltó palabras en general sensatas y conocidas. Evitó además cualquier contaminación política. Aunque habló desde un podio ajeno al poder. La oposición desearía apropiarse de aquellos argumentos.”

Primero un detalle lindo “podio ajeno al poder,” como si la Casa Rosada fuera el único centro de poder del país. Hay una constante en gran parte del periodismo, sobre todo de Clarín, en escribir como si no tuvieran nada que ver con ningún factor de poder. A esta altura es difícil de saber si son ingenuos o cínicos al escribir como si estuvieran en un fancine inofensivo y no en una de las dos columnas de opinión más importantes del diario más importante, perteneciente al grupo de medios más importante (y poderoso) del país.
Otro detalle que muestra al asepsia que van del Kooy trata de imprimirle a sus artículos es cuando agrega que Lavagna “Evitó cualquier contaminación política.”
El mito de los técnicos depurados de todo afán político, ¿no? Lavagna habla desde un lugar de objetividad y no para operar sobre la realidad, que fue lo que en verdad intentó hacer. El lugar del intocable, de la sabiduría, de las palabras “sensatas”; opuesto a los bajos sentimientos de la política canalla. Algo así. A miles de kilómetros de las intenciones y acciones de esos “sabios” y de las del mismo van der Kooy.

Para terminar, si hay un momento van de Kooy por excelencia en su columna de hoy, es cuando después de cuatro párrafos de insistir en lo deteriorada que está la política argentina, con los partidos tradicionales debilitados (el PJ depende de la voluntad absoluta del presidente y el Radicalismo, bueno, ya saben) y nuevos opositores como López Murphy, Carrió y Macri sin peso específico propio… Después de eso encabeza el quinto párrafo con:
“La descripción no resulta esperanzadora pero tampoco debería conducir al fatalismo.”

Declaración no acompañada con una, aunque sea, tentativa de descripción de hacia dónde se podría ir en medio de esas dos cosas. Van der Kooy sólo se preocupa de nunca ser encontrado en ningún extremo. En su artículo no encontramos una sola articulación entre algo que se desea o algo que se repudia, y una forma de lograrlo o alejarse de él.

Esta podría ser la frase de su lápida, para el infausto día en que Eduardo nos falte:

Ni esperanzado ni fatalista.

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