Drums along the Mohawk
Published by Seven on 15.5.06 at 19:24.
Hace unos meses, después de la marcha del 24 de marzo, Seven escribió:Mucha gente. Por todos lados. Por la presencia de grupos piqueteros, a diferencia de muchas de las últimas marchas por el Proceso, esta no fue otra reunión de consorcio de la gente progre y de clase media de capital.
Acordándose de ese párrafo, hoy Seven se preguntaba por qué en ese momento le había parecido bien la amplitud social de la marcha. Y es que, en un país del tercer mundo, cuando en un acto no están también los negritos, tampoco hay política. Puede ser un encuentro muy amable entre gente que piensa y vive más o menos cerca, pero no es un hecho político.
Para que lo sea, tienen que estar en el medio los pobres, que salen muy ganadores o muy perdedores de los resultados de la acción pública. Los que no tienen colchón. Si está sólo la clase media, es una sesión de terapia familiar, una reunión de padres, una sobremesa amable; pero no un acto político. En ese caso no se transforma en lo que debería ser, un lugar donde uno pueda salirse de la comodidad de lo que siempre supo por estar en la mitad de arriba del reparto de la torta. Es el problema con la clase media, con y desde ella se puede mantener un diálogo civilizado, y hasta interesante, pero no hay tragedia. Las cosas no tienen razón de ser en esa clase social.
Eso era el Frepaso y después la Alianza, una unión de personas que sabían cómo gestionar la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires. Barrio Norte, Palermo, Belgrano, también Caballito y ya en Flores empezaban a sentirse mareados, ni te cuento si tenían que pisar Villa Soldati. Lo que mejor les salía era proyectar festivales de teatro, radios con nombres galácticos o películas con Gustavo Cerati y Fito Páez. En verdad quedaron inmortalizados por sus campañas de publicidad. Es decir, la pavada del arte, y sobre todo la pavada del arte como espectáculo. Nada que le mejorara la vida material a (casi) nadie.
Curiosamente los 90, los años del Frepaso, fueron los mismo años en que el Peronismo y sus oscuritos fueron expulsados de toda actividad con algún tinte progresista. Y, sobre todo, perdieron su derecho de enturbiar con sus patas las aguas de la fuente en La Plaza.
Todo esto me hace acordar a una marcha contra el indulto en la que había más de 100.000 personas, creo que en diciembre de 1990. Estaba con papá, y llegando a la esquina de La Paz noté que tenía cara de orto y refunfuñaba. No me sorprendió, nunca fue una persona muy jovial que digamos. Igual le pregunté qué le pasaba, si había un montón de gente y el acto parecía un éxito.
“Mucho cara pálida,” me respondió.
(Fotos de Ezeiza gracias a la generosidad de la secretaria adjunta del subcomité revolucionario Seven Costanza, Rosalba Bedoya)
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"Lo que nos mata es el impresionismo sociologizante" 3 Comments

No quisiera importunar, pero me parece que durante los 90 el peronismo desistió por propia voluntad de participar en toda actividad progresista. En tanto, los oscuritos estaban vedados de participar en cualquier otra actividad que no fuera la de subsistir, y no precisamente por culpa del progresismo.
También es una característica de cierta clase media esa cosa culposa de requerir la presencia de negritos para validar sus hechos políticos.
Mis respetuosos saludos.
No importuna HAL, al contrario.
Hay algo interesante en la apropiación que hizo en los '90 el progresismo no peronista del tema Derechos Humanos en general y Desaparecidos en particular. Sobre todo porque si un partido político fue reprimido por el Proceso, ese fue el Peronismo.
La mirada de la gente cambia, y en los 90 nadie creía en la posibilidad de compatibilizar Peronismo e ideas redistributivas (hacia abajo).
Pero después vino La Alianza y les ganó en el rubro redistribuir hacia arriba. Entonces el Peronismo dejó de ser esa palabra horrible e intocable para la progresía nacional. De ahí a K President de los organismos de derechos humanos había sólo un paso.
No sé a qué clase media culposa se referirá HAL. Este subcomité se siente feliz de nunca haber degradado su status social hasta las masmorras de la clase media, ni mucho menos de la culpa.
le saluda,
También había peronistas conformando el progresismo que tomó el tema Derechos Humanos en los 90; sólo que no estaban en la órbita de un PJ hegemonizado por el menemismo. En todo caso, es el propio menemismo quien explica aquella apropiación.
Por otra parte, durante la represión dictatorial hubo peronistas a ambos lados del mostrador (o la picana, como prefiera). No fue el Peronismo el objeto de represión sino, en líneas generales, una generación que comprendía un tipo específico de peronistas (los estúpidos e imberbes que cazaba la también peronista AAA).
En relación a K, me parece evidente que no es la cuestión redistributiva (ni hacia arriba ni hacia abajo ni a los costados ni a ningún lado, todo sigue más o menos como estaba) lo que lo acerca a los organismo. Por oportunismo o convicción, es la anulación de las leyes de impunidad y otras medidas concordantes lo que lo erige en paladín de los DDHH.
Finalmente, no sé cual será el status social del subcomité pero señalar que en un acto sin negritos no hay política es un prejuicio que –habitualmente- deriva de cierta culpa pequeño burguesa.
Retribuye saludos,