Seven Costanza

"Yo me voy. Declaren la huelga general" Lorenzo Miguel, 24 de marzo de 1976, mientras se olvidaba el saco.



Hola, ¿qué tal tanto tiempo?

Yo tuve un sueño.

Pero no fue con la emancipación de los negros a ambos lados de la Mason-Dixon Line. No se emancipaba naides, mis querido/as, sino que Rusia y Estados Unidos volvían a sentir una importante pocahonta mutua. Y vieron cómo son esas cosas con gente caprichosa y con acceso irrestricto a armas nucleares; cualquier discusioncita de nada termina en crisis de los misiles. Y en el sueño todo tenía lógica justamente de... sueño. La situación se iba de las manos, nadie la controlaba y yo veía si intervenir cómo el intercambio de opiniones entre rusos y yanquis se volvía cada vez más agresivo. Algo que parecía un chiste se transformaba por sí solo en las horas previas a una guerra mundial nuclear. Y que fuera un sueño, dentro del sueño mismo, lo transformaba en algo que no parecía del todo real. Pero al mismo tiempo sí, porque en la tele seguían apareciendo las declaraciones terminales entre los líderes de ambos bandos.

Cuestión que esta crisis de los misiles de mis sueños no tenía a un Kennedy ni a un Jrushchov para frenarla. Y todo se alistaba para hacer Buuuum. Condoleezza Rice (sí, aparecía Condoleezza Rice en toda su fealdad), daba la orden de lanzar los primeros misiles. Y los rusos no se iban a quedar quietecitos esperando que se les caiga el cielo sobre sus cabezas. Así que respondían con otra tanda de amor nuclear.

Y yo desde Buenos Aires me ponía filosófico con esta serie de preguntillas: ¿También van a caer acá las bombs? ¿Estoy en un lugar seguro? ¿Los atentados contra la embajada de Israel y La AMIA son indicio de que nos convertimos en un target para cualquier guerra fría, caliente o tibia que ande por ahí?

Por si acaso, hombre previsor vive más tiempo, me subí a un auto (que no tengo en al vida real) rumbo a los lagos del sur.

Y al parecer yo había sido previsor, pero no muy original. Porque en La Panamericana apenas se podía avanzar por las congestiones de tráfico. El paisaje se completaba con muchos bocinazos, aroma a tormenta ácida que ya se intuía en el aire, un atardecer cargado de nubes de colores que eran iguales al negativo de una foto... pero no me acuerdo de haber visto otras personas en los miles de coches que ya ni avanzaban.

Y en medio de todo el colapso nuclear se me dio por monologar en voz alta, ya que se venía el fin del mundo ya, recontrarequetereya y no parecía haber nadie por ahí que pudiera tildarme de loco:

“Irán, Irak, Al Qaeda, Arabia Saudita, Afganistán, Israel, etc… descendieron a la B, mal. Y ahora ¿quién se acuerda de la pavada del Islam y sus islamitas?”

Los diarios seguían existiendo y me plagiaban, porque en el asiento del acompañante había una nota de Clarín (diario que, por cierto, no compro) que era más o menos así:


El Líbano: pierden 50 vidas por día y encima se quejan.

El secretario general de la ONU, Kofi Annan, declaró “Que alguien desvíe un par de bombas atómicas y las tire sobre Beirut, así aprenden a no mariconear por un par de cadáveres de morondanga”.


PD: Ah, la foto no tiene nada que ver, pero está buena. Gracias Rosalba.

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"Lo que nos mata es el impresionismo sociologizante"

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