Seven Costanza

"Yo me voy. Declaren la huelga general" Lorenzo Miguel, 24 de marzo de 1976, mientras se olvidaba el saco.


Nos verduguean, Sancho

Luego de dormir durante largos meses el sueño de las justas, la casilla de correo de Seven está, por fin, on fire.
Un perspicaz y cinéfilo lector, que responde al seudónimo de El guardián entre los yuyos, maltrató vía email y con mucho estilo a este post de Seven sobre Bielinsky y, de paso y ya que estaba, se distrajo en surtirlo un poco a Sebastián.
Nos duele y nos gusta.

---------- Forwarded message ----------
From: El guardían entre los yuyos
Date: 05-Jul-2006 03:05
Subject: Kind of Blue
To: Seven

Estimado señor Costanza (¿O puedo llamarlo Seven?) No soy un gran lector de blogs, pero algún amigo me anotició del suyo y de una necrológica distinta (¡Brillante, no podés dejar de leerla! Dijo mi amigo) sobre Bielinsky.
Es cierto que es distinta, porque usted analiza el rol de los medios ante esa triste noticia, análisis con el que en líneas generales coincido; no se si a 9 de cada 10 necrófilos (eso me suena como las estrellas que usa Lux, no el Poroto, sino el jabón), les chupa un huevo la muerte de Bielinsky, puede que muchos de ellos tengan una sincera tristeza, como la mía, pero que no sean capaces de expresarla en castellano básico (ver para el caso cierta nota de Clarín). No estoy dispuesto a encarar semejante encuesta, y como me considero un hombre bueno, confiaré en la buena fe de los palurdos.
Discrepo casi puntualmente en la valoración de Fabián Bielinsky: "Los diarios titularon como si fuera la muerte de Billy Wilder". No, los diarios le dieron mucha más importancia que si fuera la muerte del gran Billy. De éste, a los 90 y pico no podía pedirse más. Ya había cumplido con la vida y con el cine. Se lamenta, se sienten nostalgias de los viejos buenos tiempos en donde se juntaban el Billy, la Marilyn, el Tony, el William (Holden), se tomaban unos buenos whiskies y de taquito hacían una peliculaza. Lo que impresiona de las muertes tempranas es eso, lo que se dejan sin hacer.
Y vuelve usted sobre el periodismo, que habría convertido a Nueve Reinas en la fundación mítica de un nuevo Hollywood. Puede que el periodismo local haya tenido algo que ver, pero la influencia de nuestros (multi)medios no es tan grande como para fabricar un éxito como el de Nueve Reinas, y mucho menos como para expandirlo al resto del mundo en una proporción que nuestro modesto cine rara vez alcanza.
El sábado 2/7 en horario central, Canal 13 repitió, con oportunismo necrófilo Nueve Reinas. Es cierto, una segunda visión muestra algunas costuras desprolijas. Tiene toda la razón con respecto a Gastón Pauls, que a esta altura ha dejado de ser un actor para transformarse en un perpetuo error de cásting. Es cierto que es una película de guión, bien mametiana ¿Y cuál es el problema? Mamet y antes que él Mankiewicz hicieron películas de guión (las mismas acusaciones de frialdad y teatralidad persiguieron siempre al gran Mankiewicz). La rigidez que usted le atribuye puede deberse a que se trataba de una primera película (recuerde La parte del león y compárela con cualquiera de las últimas de Aristarain). No estoy para nada de acuerdo con que le faltaba clima. NR era todo aspereza, registro de una sociedad partida en mil pedazos, condensada en el laburo magistral de Darín (Es cierto, mérito de Darín, pero también de su director ¿Usted lo vio trabajando para Campanella?). El final era lo más flojo, un poco a la manera del Bryan Singer de Los sospechosos de siempre, película a la que NR le pasaba cómodamente el trapo.
Un aparte para su amigo Sebastián, su acusación de estética alfonsinista me parece, con todo respeto, un despropósito. Estética alfonsinista, si hubo tal cosa, era la de La historia oficial ¿Ustedes se animan a compararla con NR, aún con sus defectos. NR era, lugar común que creo utilizó hasta el inestimable Pablo Scholz en Clarín, crónica inadvertida del menemismo. Todo olía a podrido en la Buenos Aires de NR.
Pero después llegó El aura. (otra vez su amigo Sebastián, creo que no me entendería con ese señor ¿Qué quiere decir eso de que piensa o hace como qué piensa? Sutilezas que se le escapan a mi corto entendimiento. Tampoco sé cuál era el lastre que traía Bielinsky. Fuere cual fuere lo superó muy bien.) El aura es una de las pocas películas que dividen las aguas en el cine argentino de los últimos 30 años. La frialdad se transforma en misterio, la pantalla se oscurece porque ahora toda la película ocurre en el interior de una mente alterada, que por ello mismo pesca a fondo la sensibilidad de una época sin necesidad de ningún discurso. Todo se deshace en ambigüedad y miedo y un mundo se va insinuando, el de pobres tipos obsesionados por la guita, perseguidos por la implacable geometría racional de sus cabezas, que se confunde en algún momento con la locura y la videncia. El aura es todavía hoy, luego de dos visiones, una película enorme, que no alcanzo a explicar y que, me animo yo también a ser vidente, crecerá con el tiempo.
Bielinsky y Martel. Como hace 40 años Favio. No habrá ninguno igual que ellos, no habrá ninguno. Por eso importa que Bielinsky se haya muerto joven y con sólo dos películas. De paso ¿Cuántas películas, o libros, o pinturas, aseguran una obra? Rulfo escribió dos libros y completó una obra. Jean Vigo hizo poco más de dos películas que todo el mundo recuerda, se sigue hablando y escribiendo de él como si tuviera 30 años de carrera y 50 películas sobre el lomo. No confundamos sobrevaloraciones oportunistas de los medios con exigencias sobre la propia vida de las que ningún cristiano puede hacerse cargo (no escapará a su inteligencia que lo de cristiano es un giro coloquial que abarca tanto a Bielinsky, como a Mamet o Mankiewicz, unidos a mi ver por una común forma de comprensión mosaica que une la inteligencia con la pasión).
Finalizo. Estoy seguro que de haber vivido Bielinsky hubiera llegado muy arriba y satisfecho al menos su exigencia cuantitativa en cuanto a la obra. Le sacudo esto para el final: el cine argentino se ha quedado sin el 50% de su futuro. La otra mitad pertenece a la Martel. Cuidemos a Lucrecia.
Una acotación para el cierre: Armstrong estuvo sólo en la Luna apenas unos segundos, los que tardó Edwin "Buzz" Aldrin en descender la escalerilla del módulo detrás suyo, mientras Armstrong distraía sus soledades con aquella famosa frase: "Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad" (marketing puro. Por ahí deben haber andado Agulla y Bacetti. La primera opción: "Dicen que soy aburrido, que siempre estoy en la luna. Bueno. Tenían razón" fue descartada por la Nasa por no ajustarse al contenido emocional de la situación. Aparte, la primacía para bajar primero por la escalerilla y desvirgar a la luna fue peleada a cara de perro por Neil y Buzz; hasta que el primero hizo valer sus jinetas de coronel, dijo: "yo soy el jefe de la expedición y voy primero". El derecho de pernada sigue existiendo.
Soledad debe haber sido la de Michael Collins que mientras tanto giraba sólo en la nave madre, zambulléndose a cada rato en el lado oscuro de la luna ¡Mamita! ¡Qué soledad! ¡Qué miedo! Como en El aura.

Atentamente lo saluda, El guardián entre los yuyos.

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Comuníquese; publíquese; y, archívese:
"cine y otras pavadas artisssssticassss" "Lo que nos mata es el impresionismo sociologizante"

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  1. # Anonymous Anónimo
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