El-que-no-levanta-la-mano-tiene-el-culo-suciooooo 2
Published by Seven on 28.5.06 at 00:20.
(viene de acá)
Al empezar Pasión de sábado, un ruido de explosión y el aire del estudio se saturó de papelitos rojos. Los mismos que en el corte una mujer de limpieza juntó para que después un asistente reciclara y fueran tirados en el cierre del programa, durante el show de Néstor en bloque.
El decorado, hecho por Seijas, era estilo galáctico. Según Seven, esa onda nave espacial para los decorados la introdujo en la tele argentina Marcelo Tinelli con Videomatch. Pero Marcia Lagunez desacredita a Seven y asegura que es la típica escenografía de Seijas (“un estilo inmundo”, agrega), que las hace así desde antes de Videomatch. Cuestión que presenciamos la idea que tiene la televisión local de un viaje con marcianos.
Hacía un frío polar en el estudio. Para recuperar el calor se salía al patiecito a quedarse un rato al sol. Porque era uno de esos días de otoño con bastante frío, pero mucho sol, y al mediodía calentaba bastante. Lo que más llamaba la atención era el ruido. En el estudio fueron seis horas ininterrumpidas de música, estuvieran o no en el aire. Se sale con los odios embotados de tanta carga sonora continua. Pero Seven es lo más cercano a un WASP que se puede encontrar por estos campos de vacas con exportación restringida. Por eso, una semana después, durante las dos horas de escritura de este post no hizo más que escuchar, en repeat, la versión que hizo Smashing Pumpkins sobre Never Let Me Down Again de Depeche Mode. Temazo.
Había un espacio al costado del set para paralíticos y chico'as con retraso mental. Media hora antes, cuando estábamos con el jefe de seguridad, él único gesto de afecto que había tenido con alguien del público fue abrazar a una chica mogólica y a su abuela, que después estaban al lado del escenario, bailando con un tema de Los pibes chorros. El stock es: Dos sillas de ruedas, dos con retardo mental (un chico y una chica).
Los conductores, Hernán Caire (El Diez) y Marcela Baños (La Nueve) no tenían nada de onda entre sí. Un rato después todos los integrantes del público con quienes habló Seven dirán maravillas de ella y pestes de la mala onda del Diez, ya mítica, que incluyó el affaire televisado en el programa Susana Giménez con Nazarena Vélez. Hace unos años un miembro de este subcomité se reunió con uno de los tres directivos más importantes de este programa, que estaba en una avanzada condición de drogodependencia (el directivo, no el programa). Pero le dijo a nuestra fuente: “El que es un drogadicto es Hernán Caire.”
La coreógrafa sobre sus subordinadas: “Algunas chicas vienen de la danza. Y otras… (se sonroja y sonríe un poco), bueno no, no vienen de la danza.”
Por la pinta de yiros que tenían (el teñido rubio un poco demasiado estridente, la cara gastada, la pintura tipo puerta) era difícil detectar cuáles de las bailarinas sí venían. En los cortes la coreógrafa le enseñaba pasos a una que obviamente no venía de la danza.
Para nuestra sorpresa la única bailarina que no se había teñido de rubio (y la más linda), tenía 17 años. Bailaban vestidas con un top rojo, shorts negros, botas estilo borceguíes negros, todas tenían medias, unas color piel y otras enrejadas. Un solo cambio de vestimenta, a las 4 de la tarde cuando llegó Leo Mattioli a presentar su nuevo disco (“el Sandro de la Cumbia,” dijo la coreógrafa).
La Nueve interactuaba mucho con los cámaras, les hablaba, les hacía chistes al aire, los tocaba. Después, en varios momentos en los que no conducía, se puso a bailar fuera de cámara con la coreógrafa.
En la vuelta de algún corte La Nueve bailó y cantó en cámara “el pasito tuntún, tun tun tun”, el hit que tenían que vender ese día. El método, nada novedoso pero siempre efectivo, era meter los temas por repetición en el cerebro de la gente.
It's not personal, Sonny. It's strictly businessEl logo pasion de sàbado Pasión de sábado está manejado por gente que conoce el negocio al detalle. No hubo un solo error en las seis horas. Ni gritos y ataques de histeria de integrantes de la producción en los cortes (un clásico de cualquier programa en vivo). Todos sabían qué hacer. La fórmula era simple: Chivo a cargo de Caire o la conductora, un poco de chistes para estirar, show con una o dos canciones, otro chivo, otro show, algún video de producción casi nula, animaciones con tecnología de hace 10 años, corte. Y así siempre. Pero las bandas tocaban (o hacían playback) y bailaban lo que tenían que tocar (playbackear) y bailar, los conductores no se equivocaban, las cámaras (cinco, pero a veces pueden ser siete) enfocaban lo obvio y lo hacían bien.
El programa es básicamente un negocio de las discográficas para promocionar a sus artistas. Y ni en un momento se apartó de esa función. Tiene que mantener en el radar del sector más pobre del país un cierto tipo de música y punto. Además funciona también para ilusionar a los espectadores: tocar cumbia como una forma de ascenso social. En cámara aparecen chicos que no deben tener más de 22, 23 años y muchas veces menos de 20, con fama, mujeres, guita, etc… Cuando quizás un año antes estaban tirados en una esquina tomando cerveza y matándose a 4 pajas diarias.
El producto (sea la cerveza Diosa Tropical, los jeans Reggae o el grupo Los pibes chorros) es simple, con poca elaboración. Efectivo y hecho para llegar específicamente a un público determinado. No había 45 cámaras que incluyeran una en la oreja de Hernán Caire. Había cinco, y con eso bastaba.
Es probable que nuestra presencia, junto a la de un periodista de Rolling Stone que seguía a Néstor en bloque, fuera a una señal de que hace unos años empezó a volverse cool escuchar cumbia en clases más acomodadas. Y eso quizás le quite efectividad al negocio. Porque la idea es gastar poco, vender barato y mucho sin demasiados gastos de marketing. El gasto más grande de marketing que hace la bailanta argentina debe ser este programa. Y es muy poco para los volúmenes de venta que maneja esta gente.
Todo parece simple, pero no lo es. No es fácil manejar como manejan estos muchachos el circuito de radios (legales y truchas), tele, disquerías, bailantas, etc… Eso sin contar la variable de violencia latente que tiene el género y que es mucho mayor que la de cualquier otro estilo de música del país.
MiscelaneaEl logo pasion de sàbado Al lado de Seven había un cartel de Leo Mattioli. O el león santafesino hizo un poco de dieta o estamos a photoshop furioso todo el día. Camisa blanca, aura alrededor del cuerpo, mano derecha en el pecho, la mano izquierda hacia delante como si tuviera la calavera de Hamlet, la mirada clavada suponemos en el horizonte o en el recuerdo romántico de una damisela perdida…
En el programa ese día sorteaban la guitarra de Leo. El Sandro de la cumbia está de remate, porque en los Shows en el Gran Rex también rifará una moto.
Era el photoshop nomás. Cuando apareció en el estudio seguía igual de lechoncito que siempre. Nos pareció bien.
Como intro de un tema, el grupo Siete vidas tocó un minuto de la melodía de Matador, pero reemplazando la letra por “Siete vidas, dale siete vidas”. Eran diez, nueve con sobretodo azul y el cantante, un petiso pelilargo, con uno blanco.
Mucho cantante con el pelo rubio oxigenado. Así como el público era casi todo femenino, los grupos eran casi todos de pibes.
Llamado de Victorica, La Pampa. La señora se llevó un televisor de 29 pulgadas y dos entradas para un show en Capital Federal que, al parecer, de mucho no le van a servir.
A Seven le encantaron los teclados guitarra. Si tuviera uno (el verde fluorescente de Los pibes chorros, por ejemplo), se pasaría todo el día tocando cumbia.
Las chicas estaban que ardían. Gritaron desaforadas cuando el cantante de Los revisteros mostró la pancita. Marcia se preguntó si los gritos no estarían grabados. Seven aseguraría que no. La cosa estaba tan caliente y con tan pocos machos que hasta una del público miraba insistentemente a Seven. Pero nuestro héroe eligió hacerse el sota porque 1) era medio fulera y 2) Seven no te trabaja el tema minoridad.
Todavía faltaban más de dos horas para que termine Pasión de sábado y subirán al escenario los dos números estelares: El Sandro de la cumbia y Néstor en bloque.
Continuará…
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"Lo que nos mata es el impresionismo sociologizante" 5 Comments

la version de depeche mode de ese tema es taaaaaanto mejor. seven, reprobado.
Puede ser, me gustan mucho las dos. Es más, me gusta tanto ese tema que me bajé no menos de 7 versiones y todas me gustan.
Caire se hizo un recauchutaje facial? o.O
Espero ansiosa la 3ra parte, fundamentalmente para saber qué/quién corno es Nestor en bloque.
Aseguraría que sí se lo hizo. Al menos hizo abuso de cama solar.
La tercera parte aparecerá en algún momento, cuando quien esto escribe logre superar la fiaca monumental que lo atosiga (o es atoziga?)
Lo mejor de Never Let Me Down es verlo en vivo moviendo los bracitos. Después de haber coreado minutos antes "The grabbing hands, grab all they can, everything counts in large amounts". Dos veces en el lapso de 45 días.
Sorry, me emociono al recordarlo. No deberías haber mencionado a Depeche :D